A falta de un lenguaje presente, el cine mainstream estadounidense viene enfocándose con enconada recurrencia en la álgida década de 1960. El racismo, las revueltas civiles, la corrupción de las instituciones sirven de espejo posible del absolutismo de Trump, la impotencia política y las grietas de un país fracturado. El gesto, que se asume tan relevante como perezoso, lo repite Aaron Sorkin en El juicio de los 7 de Chicago.

El guionista estrella de Hollywood, protegido de Spielberg, ensaya su versión del acontecimiento jurídico que siguió a las manifestaciones y a la represión policial de la Convención Nacional Demócrata de 1968. Siete activistas de raíz heterogénea (ocho si se cuenta al Panteras Negras Bobby Seale) fueron juzgados en tiempos de Nixon por incitación a la rebeldía ante un tribunal conservador presidido por el abusivo Julius Hoffman. Las intervenciones carismáticas de los acusados hicieron su parte, y así las cartas estaban servidas para el proceso dramático.

Conocido por sus diálogos chispeantes de compleja superficialidad, Sorkin baja un cambio en El juicio de los 7 de Chicago como si buscara su propio equilibrio de justicia. Desde su estrado, el realizador le da a cada parte su lugar y allí tal vez late una proclama democrática. Nadie sobresale del resto en un conjunto de figuras reconocidas, todos cumplen su férrea función: Frank Langella como el arrogante Hoffman, Joseph Gordon-Levitt como un ajustado asesor fiscal, Sacha Baron Cohen haciendo del hippie de stand up Abbie Hoffmann, Eddie Redmayne en el papel del desapegado Tom Hayden, Yahya Abdul-Mateen II en el rol del desbocado Seale, o Mark Rylance como el avasallante abogado defensor William Kunstler.

De igual forma, las escenas de juicio se disputan protagonismo con las interacciones tras bambalinas afectas a Sorkin y los flashbacks de las agitaciones en Chicago; la seriedad protocolar se dosifica con monólogos tirantes y mofas para un jurado reidor.

Esa contención luce, sin embargo, más apagada que clasicista, más remilgadamente correcta que universal, más dispersa que ocurrente. El conflicto continuo es el del control y el desborde: entre el adentro palaciego y el afuera bullicioso, el legalismo y los derechos sociales, la persona y el estereotipo, la narración convencional y el revisionismo, que Sorkin no resuelve.

En su balanza permanente, El juicio de los 7 de Chicago evita la profundidad para quedarse del lado didáctico de la platea, expresión de deseo de un patriotismo legítimo, pero también prueba de su ingenuidad.

El juicio de los 7 de Chicago
EE.UU., Reino Unido, India, 2020. Guion y dirección: Aaron Sorkin. Con Eddie Redmayne, Alex Sharp y Sacha Baron Cohen. Duración: 129 minutos. Plataforma: Netflix.



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