A las 21.45 del martes, en inmediaciones de la parroquia de Vicuña Mackenna, en el sur de Córdoba, se escucharon gritos del sacerdote Jorge Domingo Vaudagna (59). Clamaba por su vida, que no le hicieran daño. Y luego, dos o tres balazos.

Cuando la Policía llegó, alcanzó a ver a dos jóvenes huir por los techos. La puerta de la cochera de la casa parroquial estaba cerrada.

El “padre Coqui” yacía muerto en el interior. Las versiones dan cuenta de que el sacerdote, “un gringo de fuerte personalidad”, pudo haber sorprendido a los supuestamente inexpertos ladrones cuando intentaban ingresar por la cochera de la casa parroquial al fondo de algunos comercios, o acaso se resistió cuando quisieron asaltarlo.

El fiscal de Río Cuarto, Daniel Miralles, confirmó que Vaudagna fue asesinado a balazos. Y que en el lugar del hecho (calle 9 de julio 553), secuestraron un arma de fuego calibre 22, dos casquillos de bala, y hasta un barbijo que habría perdido uno de los autores.

El Ministerio Público Fiscal informó que los testimonios y la labor de inteligencia permitieron la detención de un hombre de 23 años, con antecedentes policiales.

Además, se identificó a un menor de edad que también, se sospecha, habría estado involucrado en el crimen, por lo que fue puesto a disposición del juzgado respectivo.

Según trascendió, la autopsia confirmó que el deceso se produjo por heridas de proyectil de arma de fuego, dos disparos en el estrecho superior torácico que provocaron lesiones mortales (en la arteria carótida derecha). Recibió un tiro en la base del cuello y otro en la articulación del hombro derecho.

El hecho se produjo en pleno centro de la ciudad del departamento Río Cuarto, donde hay varias cámaras que permitirían profundizar la investigación y obtener pruebas.

Oscar Mana, locutor y último vecino que estuvo con la víctima, relató que, por la pandemia de coronavirus, Vaudagna había estado dando la misa desde su casa, por Facebook, como todos los días.

Contó que se quedó en su domicilio hasta las 21.30 y que le pidió una buscapina, porque no se sentía bien. Tenía bastante tos y realizó con gran esfuerzo la celebración religiosa.

Por radio FM Centro, Mana comentó que, cuando la Policía lo llamó para pedirle el teléfono del sacerdote (porque “se habían escuchado ruidos”) sólo pensó que se había descompensado.

Pero al llegar corriendo a la casa de su cura amigo, le dijeron que había habido un crimen.

“Se había quedado tranquilo porque le medimos la fiebre y no tenía temperatura. Me había dicho: ‘Voy a comer algo, me baño y me acuesto’. Él no quería suspender las misas por nada (…). Él siempre estaba preocupado por los jóvenes, la droga, los valores. Pedía a los padres que abrieran más los ojos para ver qué hacen sus hijos. Pedía rezar por los jóvenes. Quería hacer muchas misas, rezar para que podamos estar bien, vivía con la ilusión de darle la comunión y el bautismo a los chicos, estaba dando catequesis por Facebook”, contó, quebrado, Mana.

Desde el Obispado de Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona expresó: “Ponemos todo en manos de Dios. No hay antecedentes de hechos de este tipo –el asesinato de un sacerdote en ocasión de robo- con una violencia inusitada, él era una persona muy emprendedora, muy comprometido socialmente, muy pastor, muy entregado, con mucha capacidad de trabajo. Estamos todos muy golpeados por lo que pasó, nosotros y la comunidad”, expresó la autoridad eclesiástica.

Despedida y reclamo

Vaudagna había nacido el 29 de diciembre de 1960 en Sampacho. En el histórico santuario de la Virgen de la Consolata, de su pueblo, ayer se velaban sus restos. Hoy, se hará idéntica ceremonia en Mackenna.

El “padre Coqui” se ordenó sacerdote el 13 de diciembre de 1986. Desde hace 12 años vivía en Mackenna, donde impulsó la creación del colegio Sagrada Familia y era muy reconocido por su labor pastoral en toda la región.

Los vecinos se movilizaron por seguridad y justicia e interpelaron al jefe de la Policía Departamental, Walter Huerta.

Reclamaron a las autoridades provinciales y policiales por falta de personal policial y por diversos hechos delictivos registrados en la localidad.

Con una gran fotografía de su párroco, entre rezos y lágrimas, protagonizaron una marcha que fue histórica para la comunidad.

Docentes del colegio que Vaudagna impulsó no podían con su desconsuelo. Comentaban también que era muy activo y austero y que hasta donaba su sueldo.

En declaraciones a Radio Río Cuarto, Alvaro Calderón, secretario del establecimiento, expresó: “El padre Coqui se desvivía por el progreso de la institución; fue uno de sus mentores. Era un cura muy abocado a la educación y a los jóvenes, puso todo su empeño por ese proyecto. No logramos entender qué pasó. Dios quiera que se haga Justicia. Que sirva para que nuestro pueblo cambie también”, arriesgó, conmovido.

Hugo, hermano de Vaudagna, quebrado de dolor, dijo: “Es un momento muy duro, a veces uno quiere hablar y no le salen las palabras. Era una excelente persona, bautizó mi primer nieto”.

“Lo cargábamos con que iba a terminar de obispo o rector. Pero él decía que no. ‘Yo me voy a quedar acá: tengo la escuela, muchas cosas, no me puedo mover de acá’. Y acá quedó”, agregó su amigo Mana.

Otros dos curas asesinados en Córdoba. En 2008, el párroco de La Calera, Humberto Montenegro, fue muerto a golpes durante un asalto en la casa parroquial. El asesino fue condenado a perpetua. En 2015 el cura de Alta Gracia, Luis Cortez, fue estrangulado en un asalto. El asesino recibió prisión perpetua.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 29/10/2020 en nuestra edición impresa.



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